Alina

-y los-

zapatitos de princesa

“Esta cajita me hizo darme cuenta de que Jesús no me había abandonado. Representaba su amor por mí”

Alina recibió su cajita a los 5 años en un país del centro de Asia. Mi familia y yo teníamos lo que necesitábamos, pero los regalos eran un lujo del que no siempre disponíamos, así que cuando recibí mi cajita de zapatos con los regalos, estaba asombrada y confundida. Me parecía imposible que alguien de otro país, a quien no conocía de nada, me enviase un regalo de Navidad.

Con cuidado abrí la cinta adhesiva y quité el forro. En la cajita había gomas de pelo, cepillo de dientes, calcetines y caramelos. Pero lo que realmente capturó mi atención fueron unos zapatitos de princesa de plástico. Estos zapatitos no se parecían a nada que hubiera visto antes. Eran de color rosa ¡Y a mí me encantaba el rosa! Estaba tan emocionada con ellos que me los puse inmediatamente. Aunque me estaban grandes no me importaba. Intenté ponérmelos a todas horas y se los enseñaba a todo el mundo con quien me cruzaba.

Cuando miré más de cerca mi cajita, encontré en el fondo una foto de una niña pequeña de mi edad. Estaba llevando una diadema que iba a juego con los zapatitos que recibí. Entendí lo personal que había sido su regalo y sentí que estábamos conectadas.Antes de recibir mi cajita estaba bastante desanimada por la manera en la que me trataban por mi fe en Jesús. Muchos profesores me bajaban la nota sin motivo porque no les caía bien. Una vez un profesor agarró mi jersey y me empujó contra una pared mientras gritaba: “¿Dónde está tu Jesús ahora?”.
Recuerdo frecuentemente aquel suceso. Por mucho tiempo no pude evitar preguntarme “¿Dónde está? ¿Por qué permite que me pasen estas cosas?”. Sentía que Dios estaba muy, muy lejos de mí. Pero aquella cajita quitó mis dudas pues representaba el amor de Dios para una niñita de cinco años. Ahora sabía que Jesús no me había abandonado. La cajita fue un acto de generosidad que representó esperanza, confianza y la certeza de que Dios me cuidaba. Mi percepción de Dios cambió y se convirtió en un Padre para mí.

esde ese día hasta ahora, 13 años después, aún recuerdo la sensación que tuve al recibir una cajita. En ese momento me sentí como si Dios mismo me la estuviese dando. A medida que pasaron los años, las memorias de ese amor de Dios por mí, expresados por la cajita, despertaron en mí una pasión para contar a niños – sobre todo huérfanos – las buenas nuevas de Jesús y compartir su amor – El mismo amor que yo sentí y sigo sintiendo. He estado preparando cajitas desde que mi familia se mudó a Estados Unidos. En los últimos tres años he sido voluntaria en el Centro de Proceso.

Las cajitas de Operación Niño de la Navidad son regalos que impactan. Son una representación tangible del amor de Jesús por mí y por millones de niños por todo el mundo. El mensaje de estas cajitas cambia vidas. Yo solo soy una de las muchas que se ha acercado a Dios a través de una cajita.